dissabte, 7 de novembre de 2009

La pastanaga com a garrot democràtic


L’origen i l’evolució de l’estat del benestar, així com la seva actualitat contemporània, palesen una estreta relació amb el desenvolupament de dues importants mediacions: la democràcia pel que fa al règim polític i el capitalisme o el lliure mercat en quant al sistema econòmic.
En un cas, per raó de les conseqüències pròpies d’un sistema que es justifica pel creixement econòmic, és a dir, per la creació de riquesa; en l’altre, per les possibilitats de participació i interacció dels ciutadans, sigui directament o per la mediació de partits polítics i sindicats, en l’extensió i ampliació de drets: polítics, socials i econòmics, que afavoreixen la igualtat d’oportunitats i afronten, per tant, la desigualtat social.
Podem afirmar que l’estat del benestar neix de la necessitat de donar resposta políticament i socialment a allò que el mercat genera, o deixa sense solució, al costat de l’acumulació privada: pobresa, malaltia, sinistralitat, injustícia social, etc.
Gösta Esping-Andersen ens recorda aquesta característica de la següent manera:
“Según George Marshall, gran teórico del Estado de bienestar y uno de los grandes pensadores ingleses, nuestro siglo es el del momento social. Ve la historia como una extensión de la democracia: el siglo XVIII fue el siglo de los derechos civiles; el siglo XIX el de los derechos políticos; y la culminación del proceso de democratización es este siglo con el Estado de bienestar, la parte culminante del proceso democrático y no simplemente una política.”
El desenvolupament de l’estat del benestar després de les conseqüències de la Revolució soviètica de 1917 i de l’establiment de règims nazifeixistes a Alemanya i Itàlia a la dècada dels 30 corrobora el sentit de “pacto de coexistencia entre la acumulación privada y la intervención pública” (Josep Lluís López Bulla) que ha adquirit l’estat del benestar contemporani: garantia per al capital de la supervivència d’un sistema econòmic que permet l’acumulació i l’apropiació privades, i garantia per al treball de la satisfacció de les necessitats bàsiques de la població, amb la supervivència d’un estat democràtic amb capacitat i legitimitat per bastir les polítiques econòmiques i socials necessàries a aquest dos grans objectius, és a dir, amb intervenció pública en la distribució de la riquesa.
Josep Ramoneda ens recorda aquest origen de la següent manera: “El Estado de bienestar fue posible, en la Europa de la posguerra, por una decisión política, por un pacto que establecieron, “grosso modo”, las democracias cristianas y los países socialdemócratas después de la Segunda Guerra Mundial. Este pacto, que era un pacto político, que tenía como objetivo frenar la posible seducción de la clase obrera por el comunismo y contrarrestar la presión de la ideología y utopía comunista en un momento determinado, fue un pacto político. A partir de un pacto político se construyó el Estado de bienestar y porque había las condiciones políticas (el clima de la posguerra), la voluntad política de los distintos actores hizo posible el pacto del Estado de bienestar.”
Es tractava, doncs, d’obtenir despesa pública “en situación de afrontar el conjunto de peticiones, a veces contradictorias entre sí, de satisfacer simultáneamente los imperativos de la acumulación y la legitimación” (López Bulla).
El nou sistema havia de fonamentar la seva intervenció en la distribució, en la redistribució de la riquesa, però no pas en la producció,
“Lo que comportó que, en gran medida, una parte importante de la política de Estado de bienestar fuera ideada en clave de “resarcimiento”. Resarcir la falta de empleo con subsidios, resarcir los trabajos penosos con pluses y resarcir los accidentes de trabajo. Desde luego, mejor que nada, los resarcimientos. Pero éstos son la consecuencia del abandono, teórico y práctico, de intervenir en la producción, esto es, en qué y en cómo se produce” (López Bulla).
L’estat del benestar apareix, per tant, amb els seus encerts i les seves mancances, com a causa i conseqüència alhora del desenvolupament de la democràcia que comportava aquest pacte políticosocial.
“El Estado de bienestar es un sistema de redistribución de los recursos, por un estado que tiene una función aparentemente neutral, entre los agentes sociales. Pero es mucho más que esto, es una manera de entender la democracia, es una cultura política…” (Josep Ramoneda).
Certament, l’estat del benestar no es pot sostreure al desenvolupament capitalista ni a l’extensió democràtica, com a construcció de la política i des de la política per part de la ciutadania:
“Hablar del Estado de bienestar no es lo mismo que hablar del menú de políticas sociales que tenemos en uno u otro país. Incluso es posible que haya una serie de programas de política social avanzados sin que exista un Estado de bienestar. Bienestar es un concepto muy difícil de definir. Es un contrato tácito entre el pueblo y el Estado que garantiza algo más que un nivel mínimo de subsistencia, garantiza un nivel suficiente de recursos para vivir en nuestra sociedad. En muchos casos es un edificio autoconstruido, basado en una autodeclaración. Su origen está en la política, como parte de una campaña ideológica, y de una movilización ciudadana” (Esping-Andersen).
Ramoneda, de la seva banda, ens recorda l’estreta relació entre estat de benestar i democracia de la següent manera:
“Otra cuestión que me parece importante es que el Estado de bienestar (supongo que técnicamente se puede pensar un Estado de bienestar que no sea democrático y se pueden aportar experiencias históricas en este sentido) es inseparable, en cierto modo, de la idea de democracia. Y, en cualquier caso, estimula y potencia la cultura democrática. Vivimos sobre un equilibrio relativamente inestable, que es el equilibrio entre capitalismo y democracia. Capitalismo y democracia han funcionado más o menos conjuntamente, por unos equilibrios sociales que tienen algo de milagrosos, pero no podemos olvidar nunca que se fundan sobre dos principios elementales rotundamente contradictorios. El principio de la democracia es la igualdad, el principio del capitalismo es que “el que gana se queda con todo”, es la desigualdad. Y esta contradicción existe y está allí y es real. Y por esto el Estado de bienestar es un elemento básico para la consolidación de la democracia y la cultura. Es el gran parachoques que evita el conflicto frontal entre la democracia y el capitalismo, entre estas dos instituciones que conviven en un equilibrio difícil, pero que en el fondo tienen unas bases conceptualmente contradictorias. Me parece fundamental el Estado de bienestar para reforzar el sentido de la democracia y por tanto para atenuar la contradicción entre capitalismo y democracia.”
Més al nord d'Europa que al sud, i cada cop amb més dificultats de pervivència si no hi ha canvis importants en el seu finançament!